PUBLICAR O MORIR: ¿UNA AMENAZA PARA EL SISTEMA CIENTÍFICO TAL Y COMO LO CONOCEMOS?
Una reciente entrada en el magnífico blog http://joaquinsevilla.blogspot.com/ me animó a iniciar este, para tratar de remar en la misma dirección. A ver si entre todos hacemos algo con el
elefante del que habla Joaquín Sevilla.
Para que aquellos que no estén en el mundo de la
investigación puedan entender lo poco exagerada que es la afirmación "publish or perish"
("publica o perece"), http://joaquinsevilla.blogspot.com/2018/09/imposturas.html aquí les cuento un ejemplo práctico.
Dirijo un grupo de investigación desde 2006. En la jerga del
gremio a quienes coordinamos un grupo de investigación nos llaman IPs (Investigador Principal). Como en todos los grupos, hemos tenido mejores y peores
"cosechas" de publicaciones. Por ahora vamos a asumir que un artículo
publicado en una revista de alto FI (= factor de impacto) es mejor/vale más que
otro en una revista de bajo FI, tema que por sí mismo daría para otro capítulo.
Creo justo decir que algunas de las cosechas de nuestro grupo fueron francamente buenas. Pero en los últimos años, en sintonía con el panorama general, atravesamos un período de vacas más flacas. Proyectos financiados hemos ido obteniendo siempre, hasta el día de hoy. En esto me siento afortunada y
agradecida a los evaluadores que creyeron en nosotros. Conseguir financiación continuada en España a
través de las convocatorias públicas significa disponer de una media de 40.000
euros/año. Estas modestas cantidades, que no suelen incluir capítulo de personal, se dedican a comprar aparatos, consumibles para los experimentos, ir a algún
congreso (que no sea muy lejos) y gastos indirectos (las instituciones y centros de investigación se quedan alrededor del 20% para la gestión y mantenimiento de instalaciones).
Los miembros de un grupo de investigación que
van acabando sus tesis o estancia postdoctoral suelen marcharse, como es natural, para incorporarse a otro puesto de trabajo o continuar su formación. Con
frecuencia los resultados de los últimos meses, obtenidos por
la persona que acaba de dejar el grupo, tardan en publicarse o no llegan a publicarse nunca. Es difícil rematar lo que está a medio escribir si eran datos de otro investigador, es difícil que quede quien pueda repetir
o completar algún experimento si fuera necesario. Para poder contar con personal debemos presentarnos a las convocatorias para contratos de
investigadores predoctorales, postdoctorales, etc. Estas convocatorias son
muy competitivas (aproximadamente 1 concesión por cada 4 solicitudes).
Pues bien, en la reciente convocatoria para financiar investigadores Río Hortega (contratos para médicos especialistas que deseen hacer su tesis doctoral), casi la mitad
de la puntuación se deriva de las publicaciones del IP en los últimos 5 años. En
la convocatoria de este año no cuentan las publicaciones previas a 2014. Es decir, aunque se hubiera tenido en 2013 un resultado
merecedor del Premio Nobel (no es mi caso, ya les advierto) no le contaría nada para solicitar un contrato para incoporar un investigador en formación en 2019. Si el IP no tiene varias publicaciones de alto impacto en
los últimos 5 años, la pérdida de puntos en este capítulo sólo podría
compensarla un candidato extraordinario (siempre definido como = publicaciones en revistas de alto impacto, no importa que sea o no un médico extraordinario).
Lamentablemente, este candidato talentoso de magnífico curriculum es poco probable que quiera incorporarse a una línea de investigación minoritaria, en un grupo modesto, en una comunidad periférica. Estaría en desventaja competitiva frente a quien se vaya a un grupo o centro potente trabajando sobre un hot topic, donde publicará más. Tras su tesis doctoral, para optar a una plaza o postdoc nadie va a examinar qué grado de madurez científica ha alcanzado, cuánto sabe realmente. Van a contabilizar el número, factor de impacto y citas de sus publicaciones. El prestigioso IP de un grupo grande tendrá más contactos, es probable que le citen otros miembros de sus redes y consorcios... El estudiante aprenderá desde muy joven lo del "publish or perish"... y también es más probable que descubra o se sienta presionado para tomar algunos atajos.
Volviendo a la convocatoria Río Hortega, cuyo objetivo es contratar a médicos jóvenes que quieran formarse en investigación sin desconectar de la clínica, es incomprensible que no valgan nada los
logros que no sean artículos en las grandes revistas. No cuentan, por ejemplo, actividades como que se realice también asistencia, docencia, divulgación, colaboración con ONGs, jornadas
educativas con asociaciones de pacientes, premios, convenios de colaboración
con empresas, participación en comités u órganos de gobierno de las
insituciones o sociedades científicas, etc. Entre los méritos del IP para optar a estos contratos sólo puntúan las publicaciones en revistas científicas.
¿Y si el grupo no consigue personal, qué pasa? En ese caso será escasa la probabilidad de mejorar las expectativas para el año que
viene. Obviamente, iremos a peor, en caída libre. Con lo expuesto se puede ver enseguida dónde está el círculo
vicioso y el origen del tristemente famoso "publica o perece". Si un
grupo no publica constantemente, cada año varios artículos en revistas de
elevado FI - cosa que no es ni siquiera razonable esperar con la financiación modesta que tenemos en España - dicho grupo tiene un futuro sombrío.
Y bueno, amables lectores, ¿qué hago? ¿finjo una depresión y cojo un año de baja para dedicarme a tiempo completo a escribir esos
resultados pendientes, a ver si así acumulo FI para tener alguna posibilidad de incorporar un investigador contratado en 2020? ¿Falsifico algunas gráficas, tuneo algunas fotos y mando urgentemente un
artículo a la mejor revista posible? Total, nadie se va a dar cuenta y es por
una buena causa... Bromas aparte, tiene que haber una manera más razonable, más fina, de evaluar y gestionar la investigación, que no implique asfixiar a los
grupos modestos que no pueden estar produciendo artículos en Science, Nature,
Cell o Brain cada año.
Tiene que haber un modo mejor de evaluar en ciencia
que sólo contando índices de impacto o número de citas. Se podría ajustar la evaluación por tema (favorecer un tema minoritario), área de investigación (en algunas áreas es más fácil que en otras publicar en revistas del primer cuartil), por centro (un plus de contrapeso para grupos en centros con menos infraestructura), comunidad
autónoma (bonificación para las comunidades con menor masa crítica en I+D), puntos extra por
circunstancias vitales - sí, además de las bajas maternales en la vida pasan cosas, a mujeres y hombres, que pueden hacer que disminuya su productividad durante un tiempo, como enfermedades, fallecimiento de familiares, traslado laboral de su pareja y otras. Además, el FI o lo que quiera que se mida en el numerador, también se podría dividir por la "potencia" del grupo. Esta se podría valorar con el número de investigadores, de doctores, o profesores en el grupo, o bien ajustar en base a la financiación recibida. No es lógico que la evaluación comparada entre grupos grandes y pequeños se base sólo en el número de publicaciones o el índice de impacto. Así es imposible que los grupos pequeños levanten cabeza.
Entre los graves efectos secundarios de este estado de las
cosas, destacan (algunos apuntados también en sus reflexiones por Joaquin Sevilla y otros):
1. Gente joven talentosa se puede quedar sin oportunidad de formarse en lo que verdaderamente desearía, se integrará en un grupo potente, aunque no trabaje en el tema al que en verdad quisiera dedicarse.
2. Desequilibrio regional creciente. Los grupos grandes tienden a estar en unas pocas coumunidades. Serán cada vez más grandes, publicarán mas y, con los criterios vigentes, esas comunidades se quedan con la mayor parte del
presupuesto disponible en cada convocatoria, tendrán más personal y más, proyectos...y volvemos a empezar.
3. Las grandes editoriales,
sabedoras de que los científicos nos pegamos por publicar en sus revistas, hacen caja primero al editar los articulos y luego con el acceso a ellos. Un tema sobre el que recientemente se ha escrito mucho y en el que se vislumbra cierto cambio con la corriente a favor de la ciencia abierta.
4. Las revistas de élite, barra de medida del éxito o del
fracaso, tribunal que determina quien será financiado el año que viene y quien
no, se convierten en un instrumento de poder. Equivalente, en el mundo de la
ciencia, a ser el dueño de la banca. Demasiado tentador y fácil su control
para grandes instituciones y lobbies de
diferente índole.
5. Pérdida de "diversidad", temática, geográfica,
intelectual: la investigación tiende a concentrarse en pocos grupos potentes.
Se pierde la aportación de pensamiento independiente, ideas frescas procedentes
de grupos pequeños, fuera de los grandes consorcios que sacan artículos con 50 autores cada pocos meses.
6. Amenaza para la investigación en áreas poco atractivas
para la corriente general, temas que no están de moda, como las enfermedades minoritarias. Si el grupo que se dedica a
esa enfermedad no capta personal ¿cómo garantizaremos la continuidad y evolución del
conocimiento sobre ellas? Una enfermedad rara puede tener que esperar años, quizá toda una
generación, para que alguien de nuevo se
interese y reactive su investigación.
7. Cada vez más investigadores podrían verse tentados a optar por el camino del fraude, manipular o inventar los datos, para tener así publicaciones de "alto IF".
Esta última es, sin duda, la consecuencia más
terrible de todas, el principio del desmoronamiento completo del sistema de
investigación y ciencia, del que entonces ya nadie se podría fiar.
María Jesús Sobrido
Comentarios
Publicar un comentario